Conclusiones finales

Hemos analizado cinco puntos clave de las estructuras de poder que han hecho de Estados Unidos la potencia hegemónica del siglo XX. Cada vez de forma más evidente hemos ido percibiendo una degeneración en todos los campos que va haciendo que la capacidad de los Estados Unidos para seguir gobernando el mundo durante otros cien años sea cada vez menor. Hemos visto también el auge de sus competidores directos en muchos de estos campos, y hemos analizado cuales son las expectativas de unos y otros respecto del futuro.

Nuestra conclusión, por tanto, no puede ser otra que afirmar lo que en principio parecía una pregunta. Estados Unidos es una potencia en declive, tras alcanzar el culmen de su poder hegemónico en algún momento entre la década de los 80 y los 90. No obstante, su importancia permanece, y las fisuras tardarán tiempo en ser acusadas grietas que hundan el poderío estadounidense a favor de otras naciones, otros intereses.

Creemos también, vistas las investigaciones en estos cinco campos, que las claves de este deterioro de su Imperio residen en la cuestión económica, alimentada por la deuda, y en una estructura industrial y empresarial que impide el surgimiento de nuevas alternativas y empaña la imagen internacional de los Estados Unidos.

También el descontento general de la población frente a una clase política cada vez más radical y alejada de los intereses de su masa electoral parece apuntar un factor decisivo en la anunciada debilidad del gigante norteamericano, incapaz de soportar las presiones internas mientras hace frente a las terribles crisis externas que, tanto en lo económico como en lo militar, se van a ir dando en este siglo XXI. El sistema y los valores que promulgan los Estados Unidos anclados en el siglo XX ya no son válidos para los ciudadanos de un nuevo siglo.

La solidez de Estados Unidos es tan solo un armazón de apariencias y providenciales decisiones afortunadas, como que su estructura financiera esté asegurada para un par de décadas gracias al uso internacional del dólar como divisa de reserva, o que sean sus producciones culturales, por el momento, las que más dinero recauden en los centros de ocio de todo el globo. Pero a medida que el sistema se tambalea, las nuevas opciones cogen fuerza, y es solo cuestión de tiempo que veamos caer a los Estados Unidos de Norteamérica, arrastrando consigo a todas las grandes potencias occidentales a una crisis de la que no van a salir bien parados.

Sus rivales políticos, económicos y militares, encabezados por la arrolladora China, tomarán pronto el control, poco a poco, de estas mismas estructuras de poder, y solo resta ver como queda definido el reparto entre el gigante asiático, India, Japón, Rusia y algunas de las más avanzadas naciones de Sudamérica.

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