La política estadounidense en los 80 y 90

Ronald Reagan

En el contexto de una recesión económica y con grandes intereses en el crédito, herencia de la administración Carter, llegó a la Casa Blanca un liberal chapado a la antigua, Ronald Reagan. Su política, abiertamente favorable a los grandes inversores, empresarios y a la clase financiera, le ganó las antipatías de importantes sectores del entramado industrial estadounidense. Durante su legislación importantes factorías a lo largo y ancho de Estados Unidos migraron sus fábricas a países lejanos donde la mano de obra era más barata. La política del presidente fue de dureza contra los sindicatos, al tiempo que ofrecía beneficios fiscales importantes a las grandes fortunas del país.

Con estas medidas liberales, Reagan logró mejorar la salud económica de Estados Unidos sobre el papel, pero la realidad social fue muy distinta. Aumentó la cantidad de ciudadanos viviendo bajo el umbral de pobreza, así como las cifras de parados.

Mientras tanto, en la política exterior, se puso fin a la era Carter de desarme, reiniciando una escalada militar sin parangón y otorgando sumas cuantiosas a diferentes movimientos anti-comunistas en América Latina, Oriente y Asia. Su gestión de guerra sucia y su discurso beligerante con el socialismo obtuvo los aplausos de los conservadores y la derecha, mientras la izquierda se movilizaba en su contra. Los intelectuales progresistas no escatimaron esfuerzos en denunciar sus métodos, y la oposición juvenil, ya no encarnada en el movimiento hippie, sino en el punk y la música hardcore de Los Ángeles, no dio tregua al político republicano.

George H. W. Bush

El sucesor de Ronald Reagan a la cabeza de los Estados Unidos fue George H. W. Bush. Destacado militante republicano, le tocó gobernar una legislatura dulce para el bloque capitalista, dado que el año de su elección, 1989, comenzaba el desmantelamiento total de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Como el presidente que vivió la caída del Muro de Berlín, Bush apostó por una política militar en la cual dar salida a parte del increíble potencial militar, constantemente alimentado por los descomunales presupuestos militares de la administración anterior, que tenía Estados Unidos. Así, los USA intervinieron en al menos tres conflictos armados en los cuatro años que duró el gobierno Bush en la Casa Blanca, siendo uno de ellos la terrible invasión de Panamá, que tantos muertos produjo en el pequeño país hispanoamericano.

Su imagen pública no era buena, y no mejoró durante los años que estuvo en el cargo. Sus intereses económicos, su firme militarismo y el continuismo con una tradición de inversión militar que ya no parecía corresponderse con la realidad del mundo tras la caída del bloque comunista le supusieron una importante traba. No obstante, la recesión económica experimentada a comienzos de los noventa fue lo que le arrebató la victoria electoral en 1993.

Bill Clinton

Clinton era un candidato que se presentaba a unos comicios que los demócratas ya daban por perdidos, y que sorprendentemente se alzó con la victoria sobre el popular presidente Bush. Los proyectos principales de la campaña del Partido Demócrata se centraban en importantes reformas en lo relativo a la sanidad, la educación y la economía. Clinton pretendía frenar el avance del déficit, al tiempo que luchaba contra la tasa del paro. Sus medidas sociales, opuestas a la política conservadora que durante 12 años había gobernado Washintong, tuvieron mala acogida por parte de los sectores más conservadores, y desencadenaron una dinámica de desprestigio y constante acoso contra su administración.

Entre sus medidas más revolucionarias se hallaba un proyecto de Servicio de Salud Universal que iba a ser llevado a cabo por su esposa, Hillary. Pronto esta fue víctima de serios ataques desde los sectores liberales, pero el mayor escándalo fue cuando fue objeto de investigaciones penales y criticada por su obstrucción en la investigación de la muerte de Vince Foster, asesor presidencial.

Otro caso que atormentaría su carrera política fue el caso Whitewater, donde Hillary fue acusada de haber empleado información obtenida en su bufete de abogados de Little Rock para enriquecerse personalmente a través de amigos por la compra de tierras en las riberas del río Whitewater en Arkansas. Hillary tuvo que prestar declaración bajo juramento ante el tribunal el 26 de enero de 1996.

No obstante, los escándalos aún no habían terminado. A pesar de ser un presidente con unos aires muy distintos a sus antecesores en las relaciones internacionales (pese a encabezar las operaciones militares en Kosovo, su mandato destacó por una mejora de la imagen internacional de Estados Unidos), la prensa destapó un escándalo acerca de una relación entre Clinton y la becaria Monica Lewinsky.

El presidente negó las acusaciones, que posteriormente demostrarían ser ciertas, de que hubiera mantenido relaciones sexuales con Lewinsky. Aquello le valió once acusaciones por perjurio y obstrucción de la justicia, cargos que empañaron lo que quedaba de su segunda legislatura. A pesar de todo, aún hoy goza de buena imagen entre algunos sectores de Estados Unidos.

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