Archivo para la categoría 4.- Interno

La caida de un Imperio

El Gobierno de los Estados Unidos camina sobre la cuerda floja y comete errores que, extrapolados en el tiempo, son idénticos a aquellos en los que incurrió el Imperio Romano justo antes de su caída. Sus políticas insostenibles unidas al déficit fiscal, a una insuficiencia presupuestaria crónica en materia sanitaria, a la inmigración y a los compromisos militares en el extranjero amenazan con provocar una crisis si no se toman medidas de forma inmediata, según ha advertido el principal inspector gubernamental de los EEUU.

David Walker, un funcionario federal que supervisa el gasto público y estudia las reclamaciones contra el Gobierno, establece paralelismos con el ocaso del Imperio Romano, y advierte que existen “destacadas semejanzas” entre la situación actual de los Estados Unidos y los factores que provocaron la caída de Roma. Entre ellos:”El declive de los valores morales y del civismo político en el país, las intervenciones militares en el extranjero excesivamente confiadas y sobre-extendidas y la irresponsabilidad fiscal por parte del Gobierno central”. La visión del Walker es muy relevante dado que es una figura no partidista a cargo de la Government Accountability Oficce, un órgano descrito a menudo como el brazo investigador del Congreso de los Estados Unidos.

En declaraciones al Financial Times tras la publicación de su informe, el comptroller general ha señalado que el desequilibrio fiscal que padece EEUU significa que el país está “en camino hacia una explosión de la deuda” (que en la actualidad ya se está sufriendo). “Con la jubilación inminente de la generación del baby boom, los costes de la asistencia sanitaria creciendo en espiral, las tasas de ahorro cayendo en picado y una creciente dependencia de los prestamos extranjeros, nos enfrentamos a riesgos fiscales sin precedentes”

Lo explicó Edward Gibbon hace más de dos siglos: “La declinación de Roma fue el efecto natural e inevitable de su grandeza inmoderada. La prosperidad alimentó el comienzo de la decadencia; la ampliación de sus conquistas multiplicó las causas de la destrucción; y cuando el transcurso del tiempo o algún accidente minó los soportes artificiales, esa estupenda construcción se derrumbó por la presión de su propio peso” (“Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano”.

Como se puede apreciar, EEUU ha pasado de ser la tierra de las oportunidades al Imperio en perpetua caída.

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Anti-Flag – Project for a New American Century

¡It’s a gut check of what you believe!

A Global Pax Americana
Neo-con, neo-fascist blue print – USA hegemony
Charlatan war hawks, untried, untrue
Celebrate and exploit tragedy
To steal away control

And it’s a gut check of what you believe
Will you stand up for democracy?
or a New American Century?
Endless…
Endless violence, endless hatred
Endless empire tyranny
Will you make a stand for human dignity?
Or never ending hate?

It’s a think tank, psycho and crazed
War profiteering membership – a world catastrophe
They’ve got a war plan that counts on you
to kill for their corporate empire
while they sit at home

And it’s a gut check of what you believe
Will you stand up for democracy?
or a New American Century?
Endless…
Endless violence, endless hatred
Endless empire tyranny
Will you make a stand for human dignity?

Are you going to…Fight Back!
Time to prove what you really believe
We gotta FIGHT BACK!
Until we win it all
We gotta FIGHT BACK!
Will you heed the call?
The Neo-Fascist race to war
The PNAC plan to rule the world

It’s a gut check of what you believe
Will you stand up for democracy?
or a New American Century?

Are you going to…

And it’s a gut check of what you believe
Will you stand up for democracy?
or a New American Century?
Endless…
Endless violence, endless hatred
Endless empire tyranny
Will you make a stand for human dignity?

Will you? Or never ending hate?



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Howard Zinn sobre Obama tras su primer año en la presidencia

Me he esforzado mucho en buscar lo mejor y más destacado. Lo único que se le acerca es algo de la retórica de Obama; no veo nada que me llame la atención en sus acciones y medidas políticas.

Por lo que toca a los desengaños, no he quedado terriblemente decepcionado porque no era mucho lo que yo esperaba. Esperaba que fuera un presidente demócrata tradicional. En política exterior, eso apenas supone diferencia en comparación con uno republicano: igual de nacionalista, expansionista, imperial y belicista. Así que, en ese terreno, ni tenía expectativas ni hubo decepción. En política interior, los presidentes tradicionalmente demócratas son más reformistas, más cercanos al movimiento sindical, más dispuestos a aprobar una legislación destinada a la gente del común, y así ha sido en el caso de Obama. Pero las reformas demócratas también han sido limitadas, precavidas. Obama no es ninguna excepción. En la atención sanitaria, comenzó con un arreglo de compromiso, y cuando comienzas con un compromiso, acabas en un compromiso de un compromiso, que es donde hoy nos encontramos.

Creía que en el terreno de los derechos constitucionales sería mejor de lo que ha sido. Esa es la mayor decepción, porque Obama asistió a la Facultad de Derecho de Harvard y se supone que se dedica a los derechos constitucionales. Pero una vez convertido en presidente, no se ve que tome ninguna medida de importancia que le separe de las políticas de Bush. Desde luego, sigue hablando de cerrar Guantánamo, pero todavía trata a los presos allí encerrados como “sospechosos de terrorismo”. Ni los han juzgado ni los han declarado culpables. De modo que cuando Obama propone sacar a la gente de Guantánamo y meterla en otras cárceles, no es que esté llevando muy lejos la causa de los derechos constitucionales. Y luego va a los tribunales argumentando en favor de la detención preventiva, y ha continuado la política de enviar sospechosos a otros países en los que bien puede ser que se vean sometidos a torturas.

Creo que la gente está deslumbrada por la retórica de Obama, y que deberían empezar a comprender que Obama va ser un presidente mediocre — lo que en nuestra época quiere decir un presidente peligroso –, a menos que un movimiento a escala nacional le impulse a seguir otro rumbo mejor.

8-2-10, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=3084

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El Siglo XXI

George W. Bush (hijo)

Tras derrotar al senador John McCain en las primarias republicanas, Bush venció al candidato demócrata y vicepresidente Al Gore. Fueron unas elecciones muy reñidas en las que se hallaron irregularidades en las papeletas que se usaron en ciertas zonas de Florida, a la sazón, el estado que decidiría las elecciones. Tras varios recuentos el Tribunal Supremo dictaminó que el vencedor había sido Bush. Bush ganó con 271 votos electorales, contra los 266 de Gore, aunque éste ganó en número de votos. Sin embargo, Bush había sido el vencedor en 31 de los 50 estados. Ninguno de los candidatos recibió la mayoría de los aproximadamente 105 millones de votos emitidos. Bush recibió 50.456.002 votos (47,9%) y Gore 50.999.979 (48,4%).

La elección presidencial de 2000 fue la primera desde la de Benjamin Harrison en 1888 en la que salió un vencedor que no recibió la mayoría de los votos. Fue la primera desde Rutherford Hayes, elegido Presidente en 1876, en la que la Corte Suprema tuvo que tomar partido. El recuento de votos de Florida, que favoreció a Bush en los escrutinios iniciales, fue impugnado con alegaciones de irregularidades en el sistema de votación. Al Gore, que había reconocido la victoria de Bush en una llamada telefónica, rectificó unas horas más tarde.

Se dieron una serie de casos en los juzgados sobre la legalidad de los recuentos en Estados concretos y en el conjunto del país. Tras el recuento automático y manual en cuatro estados, y con Bush todavía por delante, la Corte Suprema de Florida ordenó un recuento manual en todos los estados. Pero la Corte Suprema de Justicia revocó la decisión y paró todos los recuentos. Tras el fallo judicial, Gore repitió su reconocimiento. Meses más tarde, el recuento manual de todos los estados fue completado por un grupo de periodistas que determinó que Bush habría ganado en Florida según algunos criterios de recuento y habría perdido frente a Gore según otros. Dado que la Corte Suprema de Florida no definió de un modo preciso el criterio de recuento que debía ser usado en el recuento manual de todos los estados, permanece disputado quién habría ganado el estado si el recuento no hubiese sido parado por la Suprema Corte de Justicia.

También se detectaron otros motivos para sospechar del fraude, como la votación, fuera de plazo, de muchos militares estadounidenses destinados en bases extranjeras, papeletas irregularmente marcadas, maquinas de voto defectuosas y muchos ciudadanos de clase baja que se vieron privados de su derecho a votar en varios estados, entre ellos, el de Florida.

Su gestión de la crisis del 11 de Septiembre, así como de los posteriores conflictos abiertos con la excusa de la lucha contra el terrorismo ha recibido numerosas críticas desde todos los lugares del mundo. Masivas manifestaciones por la paz se dieron en todo el globo, y muchos gobiernos de primer orden internacional se mostraron contrarios a invadir Irak, la más ambiciosa de las guerras abiertas durante la legislatura Bush. Hablando de la población estadounidense, la crítica al conflicto en el Golfo Pérsico también tuvo una gran acogida por parte de los norteamericanos.

Cuando en 2004 Bush se jugaba la reelección en unos nuevos comicios, gran cantidad de artistas del cine, la música o la literatura se manifestaron por todo Estados Unidos buscando el voto contra los republicanos. No obstante, Bush se hizo de nuevo con las elecciones, otra vez agitadas por los aparentes fraudes. El discurso de investidura de Bush en 2004 incidía en las ideas de la libertad y la justicia.

Durante sus últimos años al mando de Estados Unidos, Bush no ha vacilado en mantenerse férreamente en las posturas más criticadas de sus primeros años en el cargo. El aumento del presupuesto militar, una economía liberal (que ha conducido a una crisis mundial), más ayudas a las grandes fortunas y más desempleo, déficit y el apogeo del endeudamiento americano. Sus mentiras sobre las armas de destrucción masiva en Irak o su pésima gestión en la crisis del Katrina le han aupado hacia lo más alto del ranking de presidentes estadounidenses peor valorados de la Historia.

Bush ha contado con el rechazo frontal de importantes celebridades de su país, quienes no han ahorrado esfuerzos en mostrar la oposición a su política. El documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore acusa a Bush de utilizar los sentimientos públicos posteriores al 11-S con fines políticos, así como de mentir al pueblo estadounidense acerca de las causas de la guerra de Irak. Otro cineasta, en este caso Spike Lee, muestra en su documental When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts (Cuando se rompieron los diques, un requiem en cuatro actos), las desastrosas consecuencias de la gestión que las autoridades hicieron para paliar los efectos del Huracán Katrina. Bush fue igualmente criticado fuera de las fronteras de su país, convirtiéndose en el primer objetivo de las campañas por la paz y anti-globalización. También su pésima pronunciación le ha convertido en el blanco de numerosas bromas, siendo acuñado el término bushismo para definir su peculiar forma de hablar.

Barack Obama

Aupado en las presidenciales al calor de un gran optimismo nacional, el primer presidente de raza negra de los Estados Unidos no ha visto sus primeros cuatro años de gobierno exentos de la polémica, las críticas y los ataques, tanto dentro como fuera de las fronteras de EEUU.

Su plan de reforma del sistema de salud es uno de los puntos más controversiales que ha enfrentado el presidente, a poco más de seis meses de asumir su función.

En esta reforma reside el mayor proyecto legislativo de Obama, y su popularidad se ha visto afectada negativamente al copiar sus detractores sus métodos organizativos, tildarlo de ser un amedrentador y alterar el orden de las reuniones locales debido a su plan para reformar los seguros médicos de los estadounidenses.La Casa Blanca y sus aliados sostienen simplemente que las personas que protestan en esos encuentros son un movimiento popular falso, pero esta no es la percepción que muchos norteamericanos tienen de la situación.

El tiroteo de Arizona, en el que murieron seis personas y resultó herida gravemente Gabrielle Giffords, ha reavivado el debate sobre la violencia y la degradación en la política estadounidense. Mientras la legisladora lucha por su vida en el hospital University Medical Center de Tucson tras recibir un disparo en la cabeza, cientos de personas se han movilizado. El atentado contra Giffords, apenas tres días después de que tomara posesión de su cargo en un nuevo Congreso dominado por la oposición republicana, reproduce en este país escenas de violencia política que han acompañado dramáticamente a esta democracia desde su nacimiento.

La congresista aparecía en una lista que la cara más visible del movimiento ultraconservador Tea Party, Sarah Palin, hizo pública el año pasado sobre los enemigos a batir en las elecciones de noviembre de 2010. La grosera presentación de esa lista -con dianas apuntando a los Estados de los congresistas mencionados y el ominoso título de “No se retiren, recarguen”- provocó las iras justificadas de muchas personas. La lista se refería a 20 congresistas que habían votado a favor de la reforma sanitaria y que pertenecían a distritos ganados por los republicanos en las presidenciales de 2008, es decir susceptibles de ser recuperados por la oposición en 2010.

El Tea Party es una facción especialmente radical del Partido Republicano, y tiene no pocas simpatías desde los medios de comunicación más conservadores. Este movimiento de extrema derecha, caracterizado también por una profunda fe religiosa y una condena a la homosexualidad, la investigación con células madre, el aborto o incluso la teoría de la evolución, ha revolucionado la política de Washintong y ha puesto en pie de guerra a todos los conservadores a lo largo y ancho del país.

En el otro lado, también desde la izquierda ha recibido Obama críticas. Tanto su mala gestión en el prometido desmantelamiento de la base de Guantánamo, así como algunas de las posturas adoptadas en la política internacional han disgustado a muchos de sus votantes más progresistas.

Además, Obama también ha sido salpicado por las críticas sobre el avance de la marea negra sobre las costas de Luisiana que también amenazaba a otros dos estados (Misisipi y Alabama) así como a la desembocadura del río Misisipi.

Vemos por tanto que en las últimas tres décadas la popularidad interna de los presidentes estadounidenses ha ido en claro descenso, al tiempo que la radicalización en la política y los escándalos de todo tipo enturbiaban la imagen de la democracia estadounidense. Frente a una sociedad cada vez más polarizada, la credibilidad de los políticos se ha visto puesta en entredicho como nunca, y quizá para siempre. La presión interna es cada vez mayor y los giros electorales, cada vez más complicados. Mientras todo esto sucede, diversos activistas alzan la voz acerca de reformas estructurales de fondo en el sistema representativo norteamericano, y el poder de los dirigentes de la nación más poderosa del mundo, se sustenta sobre apoyos cada vez más frágiles.

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La política estadounidense en los 80 y 90

Ronald Reagan

En el contexto de una recesión económica y con grandes intereses en el crédito, herencia de la administración Carter, llegó a la Casa Blanca un liberal chapado a la antigua, Ronald Reagan. Su política, abiertamente favorable a los grandes inversores, empresarios y a la clase financiera, le ganó las antipatías de importantes sectores del entramado industrial estadounidense. Durante su legislación importantes factorías a lo largo y ancho de Estados Unidos migraron sus fábricas a países lejanos donde la mano de obra era más barata. La política del presidente fue de dureza contra los sindicatos, al tiempo que ofrecía beneficios fiscales importantes a las grandes fortunas del país.

Con estas medidas liberales, Reagan logró mejorar la salud económica de Estados Unidos sobre el papel, pero la realidad social fue muy distinta. Aumentó la cantidad de ciudadanos viviendo bajo el umbral de pobreza, así como las cifras de parados.

Mientras tanto, en la política exterior, se puso fin a la era Carter de desarme, reiniciando una escalada militar sin parangón y otorgando sumas cuantiosas a diferentes movimientos anti-comunistas en América Latina, Oriente y Asia. Su gestión de guerra sucia y su discurso beligerante con el socialismo obtuvo los aplausos de los conservadores y la derecha, mientras la izquierda se movilizaba en su contra. Los intelectuales progresistas no escatimaron esfuerzos en denunciar sus métodos, y la oposición juvenil, ya no encarnada en el movimiento hippie, sino en el punk y la música hardcore de Los Ángeles, no dio tregua al político republicano.

George H. W. Bush

El sucesor de Ronald Reagan a la cabeza de los Estados Unidos fue George H. W. Bush. Destacado militante republicano, le tocó gobernar una legislatura dulce para el bloque capitalista, dado que el año de su elección, 1989, comenzaba el desmantelamiento total de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Como el presidente que vivió la caída del Muro de Berlín, Bush apostó por una política militar en la cual dar salida a parte del increíble potencial militar, constantemente alimentado por los descomunales presupuestos militares de la administración anterior, que tenía Estados Unidos. Así, los USA intervinieron en al menos tres conflictos armados en los cuatro años que duró el gobierno Bush en la Casa Blanca, siendo uno de ellos la terrible invasión de Panamá, que tantos muertos produjo en el pequeño país hispanoamericano.

Su imagen pública no era buena, y no mejoró durante los años que estuvo en el cargo. Sus intereses económicos, su firme militarismo y el continuismo con una tradición de inversión militar que ya no parecía corresponderse con la realidad del mundo tras la caída del bloque comunista le supusieron una importante traba. No obstante, la recesión económica experimentada a comienzos de los noventa fue lo que le arrebató la victoria electoral en 1993.

Bill Clinton

Clinton era un candidato que se presentaba a unos comicios que los demócratas ya daban por perdidos, y que sorprendentemente se alzó con la victoria sobre el popular presidente Bush. Los proyectos principales de la campaña del Partido Demócrata se centraban en importantes reformas en lo relativo a la sanidad, la educación y la economía. Clinton pretendía frenar el avance del déficit, al tiempo que luchaba contra la tasa del paro. Sus medidas sociales, opuestas a la política conservadora que durante 12 años había gobernado Washintong, tuvieron mala acogida por parte de los sectores más conservadores, y desencadenaron una dinámica de desprestigio y constante acoso contra su administración.

Entre sus medidas más revolucionarias se hallaba un proyecto de Servicio de Salud Universal que iba a ser llevado a cabo por su esposa, Hillary. Pronto esta fue víctima de serios ataques desde los sectores liberales, pero el mayor escándalo fue cuando fue objeto de investigaciones penales y criticada por su obstrucción en la investigación de la muerte de Vince Foster, asesor presidencial.

Otro caso que atormentaría su carrera política fue el caso Whitewater, donde Hillary fue acusada de haber empleado información obtenida en su bufete de abogados de Little Rock para enriquecerse personalmente a través de amigos por la compra de tierras en las riberas del río Whitewater en Arkansas. Hillary tuvo que prestar declaración bajo juramento ante el tribunal el 26 de enero de 1996.

No obstante, los escándalos aún no habían terminado. A pesar de ser un presidente con unos aires muy distintos a sus antecesores en las relaciones internacionales (pese a encabezar las operaciones militares en Kosovo, su mandato destacó por una mejora de la imagen internacional de Estados Unidos), la prensa destapó un escándalo acerca de una relación entre Clinton y la becaria Monica Lewinsky.

El presidente negó las acusaciones, que posteriormente demostrarían ser ciertas, de que hubiera mantenido relaciones sexuales con Lewinsky. Aquello le valió once acusaciones por perjurio y obstrucción de la justicia, cargos que empañaron lo que quedaba de su segunda legislatura. A pesar de todo, aún hoy goza de buena imagen entre algunos sectores de Estados Unidos.

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Odio, de Peter Bagge:Jimmy Carter

Página de Odio, comic dibujado y guionizado por Peter Bagge a comienzos de los años noventa. Centrado en una generación perdida  (la llamada generación X), en esta escena el protagonista, Buddy Bradley, charla con el padre de su novia, un adinerado empresario de la América de Reagan.

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La nación de las libertades (años 70)

Estados Unidos ha proyectado intencionadamente, desde sus primeros pasos como nación independiente en el último tercio del Siglo XVIII, una imagen política muy determinada. Los USA son la tierra de las libertades, la nación de las oportunidades, un lugar donde todos valen lo mismo, donde el voto de cada uno de ellos tiene el mismo valor, y donde la democracia es algo palpable, algo arraigado en lo más profundo de la conciencia nacional. No es azaroso que el símbolo más conocido de los Estados Unidos sea la Estatua de la Libertad, ni mucho menos, que sus presidentes más representativos sean figuras icónicas de primer orden en la cultura de los norteamericanos.

EEUU ha potenciado hasta la saciedad esta imagen, destacando su labor liberadora en la Segunda Guerra Mundial frente al fascismo, y durante todo el Siglo XX, como una fuerza de verdadera libertad frente a la represión, la burocracia y la maldad encarnada en el comunismo. Aún hoy siguen explotando esta concepción de la nación norteamericana como el paraíso cuna de la democracia. Sin embargo, y con el paso del tiempo, algunos de estos discursos acerca de las virtudes de la democracia en Estados Unidos han resultado falaces.

Más allá de las concepciones que en el extranjero se puedan tener de EEUU, ¿qué piensan los propios estadounidenses? ¿Está la población de la nación más poderosa del mundo cohesionada? ¿O están descontentos con sus líderes? ¿Cómo es la sociedad que decide quien va a ser el presidente del más poderoso estado del globo?

Richard Nixon

Con un conflicto militar abierto en Vietnam que dividía a la nación debido a la enorme repulsa popular que provocaba la presencia estadounidense en Vietnam, Richard Nixon alcanzó el cargo de presidente electo en 1968. Entre sus medidas más notables durante su primera legislatura estuvo la de retirar las tropas norteamericanas de Oriente Próximo. No obstante, la retirada se prolongó durante cuatro años, mientras intelectuales, artistas y buena parte de la población del país se manifestaba en contra de la Guerra. Los pacifistas que desde el año 65 no cesaron de acorralar a su antecesor en el cargo tardarían en perdonar a Nixon el retraso.

No obstante, con los ánimos más calmados y comenzando la década de los 70, el caso Watergate desmanteló la oposición del político republicano obligándole a dimitir de su cargo, algo insólito que jamás había ocurrido en la historia de los Estados Unidos. Pese a lo popular que llego a ser, logrando la reelección en el 72, ha pasado a la Historia como uno de los políticos más desprestigiados del siglo pasado. El gobierno que sucedió al presidente Nixon no pudo enfrentar adecuadamente la oposición del Congreso ni los problemas económicos que comenzaban a aflorar. El tiempo en el gobierno de Ford fue corto y agitado.

Jimmy Carter

Tras la impopular sucesión de Gerald Ford en el gobierno republicano, en 1977 llegaría al poder el candidato demócrata Jimmy Carter, un político de carácter campechano que se opuso a muchas de las normas estrictas que creaban una imagen del presidente distanciada de sus votantes. A pesar de que algunas de sus medidas resultaron sumamente celebradas, la situación económica del mundo en 1977 no era la propicia para algunos de sus proyectos sociales y económicas, siendo, finalmente, el presidente de los Estados Unidos que tuvo que vérselas con la Crisis del Petróleo de la década de los 70.

En 1973, durante la administración de Nixon, la OPEP redujo los suministros de petróleo disponible en el mercado mundial, en parte debido a la deflación de los dólares que estaban y en parte como una reacción contra los Estados Unidos por el envío de armas a Israel durante la Guerra de Yom Kippur. Esto provocó la crisis del petróleo de 1973 e hizo que los precios del petróleo aumentaras considerablemente, estimulando la inflación de precios en la economía y la desaceleración del crecimiento. El gobierno de EEUU impuso controles de precios en la gasolina y del petróleo tras el anuncio, que tuvo el efecto de provocar escasez y largas colas para la gasolina. Las colas fueron sofocadas mediante la supresión de los controles de precios en la gasolina, éstos mismos controles del petróleo se mantuvieron hasta la presidencia de Reagan. Carter dijo a los estadounidenses que la crisis energética era “un peligro claro y presente para la nación y el equivalente moral de la guerra” y sacó un plan que creía que iba a resolver el problema. Carter dijo que la oferta mundial de petróleo probablemente sólo sea capaz de satisfacer la demanda de los estadounidenses durante seis u ocho años más.

En 1977, Carter convenció a los demócratas en el Congreso para crear el Departamento de Energía de los Estados Unidos con el objetivo de conservar energía. A nivel nacional, los controles fueron puestos en termostatos en el gobierno y los edificios comerciales para evitar que la gente elevase las temperaturas en el invierno (por encima de 18,33 °C) o la disminución de los mismos en el verano (por debajo de 25 °C).

Como reacción a la crisis energética y las crecientes preocupaciones sobre la contaminación del aire, Carter también firmó la Ley Nacional de Energía y la Ley Política de Regulación de los Servicios Públicos. El propósito de estas leyes fue estimular la conservación energética y el desarrollo de los recursos energéticos nacionales, incluidos los renovables como la energía solar y la eólica.

Sin embargo, durante la crisis de 1979, Carter reintegró algunos controles de precios en la gasolina, lo que también tuvo el efecto de causar colas en las estaciones de gasolina. Estos problemas que asolaron a todas las economías desarrolladas del mundo, unido al déficit constante que se apreciaba año tras año en las cuentas de la Casa Blanca mermó las posibilidades de Carter de ser elegido de nuevo. Vapuleado por los conservadores, y habiendo fallado a las expectativas de algunos sectores de la izquierda, no pudo hacerse con la reelección.

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